Las protestas recientes en Irán reflejan un malestar estructural profundo que va mucho más allá de una coyuntura económica específica. Aunque las movilizaciones comenzaron en el Gran Bazar de Teherán, su rápida expansión evidenció una percepción ampliamente compartida: el sistema político y económico vigente es incapaz de reformarse. Las demandas económicas funcionan como detonante inmediato, pero en realidad expresan una crisis más amplia de legitimidad, expectativas frustradas y ruptura entre la sociedad y la élite gobernante.

El deterioro económico ha sido extremo y sostenido. En menos de una década, el poder adquisitivo se ha desplomado, la moneda se ha devaluado de forma drástica y la inflación ha erosionado las condiciones de vida de amplios sectores sociales. La clase media, especialmente jóvenes con educación y aspiraciones, ha sido empujada hacia la precariedad y la pobreza, mientras el desempleo juvenil y la informalidad laboral se consolidan. Este empobrecimiento generalizado ha eliminado cualquier horizonte de movilidad social, transformando la frustración económica en descontento político.
Las medidas recientes del gobierno actuaron como catalizadores de la protesta. El fuerte aumento del precio de la gasolina, junto con un presupuesto que incrementa impuestos y destina enormes recursos a instituciones religiosas y fuerzas de seguridad, contrastan con los recortes a subsidios para bienes básicos. La eliminación del tipo de cambio preferencial para alimentos y medicinas amenaza con encarecer productos esenciales hasta niveles inalcanzables para la mayoría de la población. A esto se suma una corrupción estructural ligada a redes opacas que manejan los ingresos petroleros al margen de cualquier control efectivo.
Sin embargo, el trasfondo de las movilizaciones no es solo económico. Las protestas articulan una crítica integral al autoritarismo, la falta de libertades, la represión sistemática y el doble discurso de una élite que predica austeridad mientras exhibe privilegios. Para muchos jóvenes, el futuro se percibe como una pérdida inevitable de derechos y calidad de vida; para los sectores más vulnerables, la crisis se vive como una lucha por la supervivencia. Así, la promesa fundacional del régimen de justicia social y dignidad ha sido sustituida por un sistema marcado por desigualdad, corrupción y violencia, lo que ha convertido la pobreza material en una indignación política abierta que hoy se manifiesta en las calles.
Referencia:
Falahi, A., & Espinosa, Á. (2026, January 14). Pagar el aceite a plazos o dormir en las azoteas: el colapso económico, la chispa que ha incendiado Irán. El País. https://elpais.com/internacional/2026-01-14/pagar-el-aceite-a-plazos-o-dormir-en-las-azoteas-el-colapso-economico-la-chispa-que-ha-incendiado-iran.html
