El discurso de Delcy Rodríguez busca encuadrar los acuerdos con Estados Unidos como una práctica normal de política económica, no como una concesión excepcional derivada de la intervención militar. Al insistir en que una parte significativa de las exportaciones venezolanas ya tenía como destino a Estados Unidos, intenta desactivar la narrativa de dependencia o sometimiento, al tiempo que reafirma una idea central del chavismo: la defensa formal de la soberanía económica. Sin embargo, esta normalización resulta frágil, pues se produce en un contexto de bombardeos recientes, captura del liderazgo anterior y una relación profundamente asimétrica, lo que pone en duda cuán voluntarios y equilibrados son realmente estos acuerdos.
La contradicción del mensaje oficial es evidente. Por un lado, se afirma que no habrá inversiones tuteladas y que Venezuela mantendrá relaciones económicas con múltiples países; por otro, se reconoce que el petróleo se convierte nuevamente en el eje de la relación con Washington, ahora bajo condiciones impuestas tras una intervención directa. La referencia al “secuestro” de Nicolás Maduro y la denuncia de que los derechos humanos y el narcotráfico fueron solo pretextos refuerzan una lectura clásica de dependencia y extracción de recursos, donde el petróleo explica tanto la violencia externa como la presión diplomática. En este sentido, el discurso soberanista funciona más como un recurso retórico para consumo interno que como una descripción real del margen de maniobra del nuevo gobierno.

Finalmente, la confrontación con la oposición cumple una función política clave: desplazar la responsabilidad del quiebre institucional y de la intervención extranjera hacia el “extremismo” interno. Al mismo tiempo que acusa a sectores opositores de haber “arrodillado” al país, la presidenta ofrece un diálogo nacional, construyendo una narrativa de reconciliación bajo liderazgo oficial. Las declaraciones de Diosdado Cabello sobre el número de fallecidos y la detención de Cilia Flores añaden una dimensión emocional y simbólica que refuerza la idea de sacrificio y victimización del chavismo. En conjunto, el mensaje del gobierno intenta sostener un delicado equilibrio entre cooperación pragmática con Estados Unidos, reafirmación discursiva de soberanía y control político interno en un escenario marcado por la violencia y la imposición externa.
Referencia:
Singer, F., & García, J. (2026, Enero 8). Delcy Rodríguez: “El narcotráfico y los derechos humanos eran la excusa, el motivo era el petróleo.” El País América. https://elpais.com/america/2026-01-08/delcy-rodriguez-el-narcotrafico-y-los-derechos-humanos-eran-la-excusa-el-motivo-era-el-petroleo.html
