El líder supremo iraní, Ali Jameneí, advirtió esta semana que cualquier ataque estadounidense tendrá respuesta, en alusión directa al despliegue naval de Washington en Oriente Próximo. Sus palabras llegan en un momento de máxima tensión: Donald Trump ha confirmado que evalúa un “ataque selectivo” contra Irán para forzar concesiones sobre su programa nuclear, mientras Israel coordina inteligencia y defensa con el Pentágono. Por tercera vez desde enero, el escenario de un enfrentamiento directo se presenta como inminente.
Frente a la superioridad militar de Estados Unidos e Israel, Teherán combina exhibición de fuerza y amenazas estratégicas. La Guardia Revolucionaria ha realizado maniobras navales en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una cuarta parte del petróleo mundial, insinuando un posible bloqueo. Sin embargo, cerrar esa vía sería también perjudicial para Irán, que depende de esas exportaciones (principalmente hacia China) para sostener su economía. Su principal baza convencional sigue siendo su arsenal de misiles balísticos y drones, capaces de alcanzar Israel y bases estadounidenses en la región, aunque cualquier ofensiva podría desencadenar represalias devastadoras contra su infraestructura energética.

En el plano defensivo, Irán lleva años preparándose para una eventual guerra mediante la llamada “defensa en mosaico”, un sistema descentralizado que permitiría a mandos regionales operar de forma autónoma si la cadena de mando central fuera neutralizada. Paralelamente, el régimen refuerza y reconstruye instalaciones militares y nucleares dañadas en bombardeos previos, como en Parchin e Isfahán, donde imágenes satelitales muestran nuevas fortificaciones y túneles sellados para resistir ataques aéreos.
Al mismo tiempo, Teherán intensifica la represión interna para evitar que un conflicto externo reactive las protestas contra el régimen. Se han instalado puestos de control en Teherán, continúan las detenciones y aumentan las condenas a muerte de manifestantes. Para la cúpula iraní, la supervivencia del sistema está en juego, lo que la hace más propensa a asumir riesgos. Mientras el ala pragmática busca negociar con Washington, los sectores duros confían en que una respuesta contundente disuada a Trump. Analistas advierten, sin embargo, que esa apuesta podría escalar rápidamente hacia una confrontación prolongada y de alto coste regional.

Referencia:
Bronte, T. D., & Vega, J. C. (2026, Febrero 21). Irán se prepara para un ataque de Estados Unidos con despliegue militar, amenaza de guerra híbrida y sitios nucleares fortificados. El País. https://elpais.com/internacional/2026-02-21/iran-se-prepara-para-un-ataque-de-estados-unidos-con-despliegue-militar-amenaza-de-guerra-hibrida-y-sitios-nucleares-fortificados.html
