Un derrumbe en una mina de coltán en Rubaya, al noreste de la República Democrática del Congo, dejó más de 200 personas muertas tras un deslizamiento de tierra provocado por intensas lluvias. La mayoría de las víctimas eran mineros artesanales, incluidos niños y mujeres que trabajaban o comerciaban en la zona. El accidente ocurrió de madrugada, cuando el terreno cedió de forma repentina, y al menos 20 personas resultaron heridas, mientras muchas otras quedaron atrapadas bajo los escombros, evidenciando la extrema precariedad en la que se desarrolla la actividad minera en la región.
Más allá de la tragedia inmediata, el caso expone un patrón recurrente: los accidentes en minas artesanales son frecuentes en el país, donde miles de personas trabajan sin medidas de seguridad en contextos de pobreza y conflicto. La mina de Rubaya forma parte de uno de los yacimientos más importantes del mundo, responsable de una parte significativa de la producción global de coltán, un mineral clave para la industria tecnológica. Sin embargo, este recurso estratégico se extrae en un territorio controlado por el grupo rebelde M23, lo que vincula directamente la explotación minera con la violencia armada.
El coltán extraído en Rubaya es traficado de forma ilegal hacia Ruanda y posteriormente exportado al mercado internacional, según denuncias del Gobierno congoleño y de Naciones Unidas. Este contrabando genera ingresos millonarios para el M23, que utiliza esos recursos para financiar su guerra contra el Estado congoleño. Así, el mineral que sostiene la fabricación de teléfonos móviles, computadoras y vehículos eléctricos se convierte también en un motor de conflictos, corrupción y violaciones de derechos humanos.
En el fondo, la tragedia de Rubaya revela una paradoja global: la demanda de minerales estratégicos impulsa una economía basada en la explotación y la guerra en una de las regiones más inestables del mundo. El conflicto por el control de estos recursos lleva décadas activo y, pese a acuerdos de paz y mediaciones internacionales, sigue intensificándose. La catástrofe no es solo un accidente, sino un reflejo de cómo la riqueza mineral del Congo continúa siendo, al mismo tiempo, su mayor fuente de violencia y vulnerabilidad.
Referencia:
Naranjo, J. (2026, Enero 31). Unas 200 personas mueren sepultadas tras el derrumbe de una mina de coltán en Congo. El País. https://elpais.com/internacional/2026-01-31/unas-200-personas-mueren-sepultadas-tras-el-derrumbe-de-una-mina-de-coltan-en-congo.html
