Las guerras están transformando la relación entre conflicto y hambre al afectar directamente granjas, mercados, puertos, rutas comerciales y sistemas de distribución de alimentos. Naciones Unidas advierte que al menos 266 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria aguda durante 2025, mientras que el conflicto y la violencia fueron los principales impulsores del hambre en 12 de los 13 puntos críticos identificados por la organización.
El impacto de la guerra sobre los sistemas alimentarios
Los conflictos están dejando de limitar sus efectos al territorio donde ocurren y comienzan a alterar los sistemas alimentarios internacionales. En Somalia, grupos armados expulsan a agricultores de sus tierras; en Sudán, mercados han sido atacados; mientras que la violencia en Haití ha aislado comunidades. Desde Gaza hasta Malí y Myanmar, las restricciones también dificultan el acceso de trabajadores humanitarios. António Guterres señaló que los sistemas alimentarios críticos están bajo ataque. Por primera vez este siglo, además, se confirmó simultáneamente la hambruna en Sudán y Gaza.
Los conflictos afectan el comercio mundial.
Las consecuencias económicas de las guerras también alcanzan regiones alejadas de los campos de batalla. Los ataques a puertos, buques y rutas comerciales pueden incrementar los precios internacionales de alimentos, combustible y fertilizantes. El Mar Negro, por donde Rusia y Ucrania exportan cereales, registra una reducción del 40% en los envíos de granos a través del Bósforo respecto al año anterior. El Mar Rojo y el estrecho de Ormuz constituyen otros puntos estratégicos. Para países importadores, estas interrupciones significan mayores costos; para poblaciones vulnerables, pueden traducirse en menos alimentos disponibles.
Cuando el hambre aumenta la vulnerabilidad.
El hambre no solamente resulta de los conflictos, sino que también puede contribuir a prolongarlos. Las comunidades empobrecidas y desplazadas enfrentan mayores riesgos de reclutamiento por grupos armados y redes criminales. Somalia ejemplifica esta situación: seis millones de personas, aproximadamente un tercio de su población, sufren hambre aguda o peor, mientras casi dos millones de niños presentan desnutrición aguda o grave. Sin embargo, el PMA únicamente alcanza a unas 600.000 personas. Además, los combates en Baidoa impidieron brindar asistencia nutricional a unos 5.000 niños.
Actuar antes de que llegue la hambruna.
Naciones Unidas sostiene que el principal problema ya no consiste en identificar dónde puede producirse una hambruna, sino en actuar oportunamente ante las señales de alerta. Somalia demostró que aumentar la asistencia antes de que la crisis alcanzara niveles catastróficos puede reducir sus consecuencias. En contraste, Sudán muestra los riesgos de ignorar advertencias tempranas. Guterres pidió proteger granjas, sistemas de agua, mercados, almacenes, puertos y rutas de suministro, y actuar antes de confirmar formalmente una hambruna. Sin embargo, las agencias humanitarias enfrentan simultáneamente más conflictos y menos recursos.
Referencia
Robinet, F. (2026, 25 de agosto). A medida que las guerras se extienden, el sistema alimentario mundial se desmorona. Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2026/08/1541835
