La operación militar en Venezuela comienza a mostrar con claridad su dimensión económica. Apenas días después del derrocamiento de Nicolás Maduro, Donald Trump anunció que Estados Unidos recibirá entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano, un volumen que podría representar alrededor de 2.800 millones de dólares. Más allá de la imprecisión sobre plazos y condiciones, el mensaje político es contundente: la intervención no solo tuvo un objetivo de seguridad o “restauración del orden”, sino que abre la puerta a una reconfiguración del control sobre la mayor reserva de crudo del mundo. El petróleo aparece así como botín estratégico y como justificación ex post de una acción militar unilateral.
La realidad estructural de la industria venezolana, sin embargo, introduce límites importantes a este plan. Tras años de sanciones, desinversión y deterioro, el país apenas produce un millón de barriles diarios, muy lejos de sus niveles históricos. Incrementar de forma sustancial la producción es inviable en el corto plazo, lo que implica que el aumento de exportaciones a Estados Unidos se hará, previsiblemente, a costa de reducir envíos a China, hasta ahora el principal comprador mediante esquemas opacos para eludir sanciones. Este giro no solo reorienta los flujos energéticos, sino que tiene un fuerte contenido geopolítico: debilita la presencia china en Venezuela y refuerza la influencia estadounidense en un espacio que Washington considera clave para su seguridad energética.
El discurso de Trump, al afirmar que controlará los ingresos petroleros “en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos”, plantea interrogantes profundos sobre soberanía, legalidad internacional y precedentes peligrosos. La expectativa de que las grandes petroleras estadounidenses asuman inversiones multimillonarias (estimadas en al menos 10.000 millones de dólares anuales) sugiere un modelo en el que actores privados desempeñan funciones casi estatales en un país intervenido. Lejos de una reconstrucción neutral, se perfila una relación asimétrica en la que la estabilidad política y económica de Venezuela queda subordinada a los intereses energéticos y estratégicos de Washington, reforzando la percepción de que la intervención respondió menos a la democracia que a la lógica del poder y los recursos.

Referencia:
González, J. S. (2026, Enero 7). Trump asegura que Venezuela le entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo. El País. https://elpais.com/internacional/2026-01-07/trump-asegura-que-venezuela-le-entregara-hasta-50-millones-de-barriles-de-petroleo.html
