El reconocimiento oficial de Somalilandia por parte de Israel ha reactivado el debate internacional sobre la autodeterminación y la integridad territorial. Este territorio del Cuerno de África, que se autogobierna desde 1991 tras el colapso del Estado somalí, ha funcionado durante más de tres décadas como un Estado de facto: celebra elecciones, mantiene fuerzas de seguridad propias, emite moneda y controla sus fronteras. Sin embargo, hasta ahora ningún país lo había reconocido formalmente. La decisión del Gobierno de Benjamin Netanyahu provocó una reacción inmediata de Somalia, que negó permisos de sobrevuelo a la aerolínea israelí Arkia, evidenciando que el gesto diplomático tendría consecuencias políticas directas.
Para las autoridades de Hargeisa, capital del territorio, no se trata de una secesión reciente sino de la “restauración” de una soberanía que, según su relato histórico, ya existió brevemente en 1960, cuando el antiguo protectorado británico obtuvo independencia antes de unirse voluntariamente con la Somalia italiana. Tras la dictadura de Mohamed Siad Barre y la devastación del norte del país, Somalilandia proclamó en 1991 la ruptura de aquella unión. Desde entonces ha construido instituciones relativamente estables en comparación con su entorno regional, y ha sido calificada como “parcialmente libre” por Freedom House, un argumento central para quienes defienden su reconocimiento.

El principal obstáculo sigue siendo el principio de integridad territorial, respaldado por la Unión Africana y la mayoría de actores internacionales, que temen que reconocer a Somalilandia siente un precedente en una región plagada de tensiones nacionalistas. Países y bloques como Arabia Saudí, Turquía, la Liga Árabe o la propia Unión Africana han rechazado el paso israelí, mientras que la Unión Europea reiteró su apoyo a la unidad de Somalia. La postura de Estados Unidos, que no ha reconocido al territorio pero tampoco ha condenado el gesto, deja abierta una ambigüedad estratégica significativa.Más allá del debate jurídico, la cuestión tiene una dimensión geopolítica crucial.
Somalilandia ocupa una posición estratégica frente al estrecho de Bab el Mandeb y el mar Rojo, una arteria clave del comercio global. Su puerto de Berbera ha atraído inversiones y despierta interés en un contexto marcado por el genocidio en Gaza, la actividad de los hutíes en Yemen y la competencia por influencia en el Cuerno de África. El reconocimiento israelí no resuelve el estatus internacional del territorio, pero rompe un tabú diplomático y coloca a este “Estado no reconocido” en el centro de una disputa donde confluyen soberanía, seguridad marítima y rivalidades globales.
Referencia:
Hierro, L. (2026, Febrero 16). Somalilandia, el país que quiere existir aunque el mundo le dé la espalda. El País. https://elpais.com/internacional/2026-02-16/somalilandia-el-pais-que-quiere-existir-aunque-el-mundo-le-de-la-espalda.html#?rel=lom
