El futuro de la inteligencia artificial alemana ya no es solo un tema económico: es una cuestión de soberanía. Berlín ha entendido que, si no actúa ahora, otros decidirán por ella.
El Gobierno alemán, ha lanzado una “Agenda de Alta Tecnología” (Hightech Agenda) con la que busca recuperar competitividad tecnológica, principalmente en inteligencia artificial alemana, frente a Estados Unidos y China. Merz advirtió que Alemania y Europa “no pueden permitir que EE. UU. y China decidan por sí solos el futuro tecnológico”. Pues de ello depende la prosperidad, la seguridad y, en última instancia, la libertad del país. Reconoció que Europa se ha vuelto “algo complaciente” en los últimos años, pero insistió en que la situación es corregible.
El plan del Gobierno prioriza la financiación en seis tecnologías clave: inteligencia artificial, tecnología cuántica, microelectrónica, biotecnología, fusión nuclear y generación de energía climáticamente neutra, además de tecnologías para una movilidad sin emisiones. Merz enmarcó esta apuesta dentro de un “conflicto sistémico emergente” entre Estados autoritarios y democracias liberales y llamó a una cooperación más estrecha entre industria y ciencia para que el país “esté a la vanguardia tecnológica”.
El vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil (SPD), respaldó el mensaje reforzando la idea de que el futuro de Alemania no puede quedar en manos de Pekín ni de Washington, en un contexto marcado por la guerra arancelaria de Trump —que ha golpeado con fuerza a la industria exportadora alemana— y por la creciente competencia tecnológica y comercial de China, hoy convertida en el mayor socio comercial de Alemania pese a las tensiones.
