Un Desplazamiento Territorial del Horror a lo Largo de Tres Sexenios
El impacto de la violencia violenta en México muestra una evolución geográfica tan alarmante como dinámica. De acuerdo con una investigación periodística y cartográfica publicada por El País basada en análisis del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, los hallazgos de fosas clandestinas se han extendido por todo el país durante las últimas dos décadas. Durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012), la mayor concentración de hallazgos se ubicó en estados del norte como Coahuila. Posteriormente, entre 2013 y 2018, la densidad se trasladó hacia regiones del centro y sur como Guerrero, Veracruz y Zacatecas. En el periodo más reciente (2019-2024), la tasa más alta por cada 100.000 habitantes se concentró en el occidente y noroeste, encabezada por Colima, Sonora y Baja California Sur.
Subregistro Oficial y la Discrepancia con los Registros de Prensa
El análisis evidencia una brecha abismal entre las cifras reportadas por las fiscalías estatales y los hallazgos documentados por medios de comunicación y colectivos. Específicamente, en entidades como Guanajuato, la prensa registró 283 fosas clandestinas entre 2019 y 2024, mientras que las autoridades no reportaron ningún caso oficial en ese mismo lapso. Un patrón similar ocurre en Guerrero, donde los medios contabilizan más de 400 hallazgos acumulados. Esta diferencia pone en duda la efectividad de los registros oficiales y expone la inacción institucional. Asimismo, los datos revelan que la cantidad de sitios no refleja por sí sola el volumen de víctimas, dado que existen lugares donde se han localizado decenas de cuerpos en un único predio.
Espacios Cotidianos, Diversidad de Violencias y el Rol de las Familias
El uso de fosas clandestinas ya no se limita a zonas desérticas o cerros aislados. Por el contrario, los hallazgos ocurren frecuentemente en casas abandonadas, ranchos, bodegas, cisternas e incluso zonas residenciales urbanas. Además, el informe documenta sitios de uso reiterado, lo que demuestra que la localización de un espacio no impide que los grupos criminales vuelvan a utilizarlo. Ante el colapso de las capacidades estatales de investigación, la labor de localización recae mayoritariamente en las familias y colectivos de búsqueda. Por lo tanto, el mapa de la crueldad expone no solo la brutalidad de los perpetradores, sino también la distancia entre el deber institucional y la realidad que enfrentan las víctimas.
Relevancia internacional
La documentación sistemática del fenómeno de las fosas clandestinas en México posee implicaciones de vital trascendencia para el derecho internacional humanitario, la gobernanza de la justicia transicional y la rendición de cuentas de los Estados. Al evidenciarse patrones de violencia sistemática y fallas graves en los registros estatales, el análisis aporta evidencia clave para organismos internacionales como la ONU y la CIDH. Asimismo, la persistencia de entierros clandestinos en zonas urbanas y rurales cuestiona la eficacia de las políticas de seguridad nacional y la cooperación binacional en materia de combate al crimen organizado. En última instancia, este diagnóstico cartográfico fija un precedente fundamental sobre cómo las sociedades civiles pueden articular herramientas científicas para visibilizar la impunidad y exigir el derecho a la verdad y la memoria.
Referencia: El País. (2026, 28 de agosto). Geografías de la crueldad: el cambiante mapa de fosas clandestinas en México. https://elpais.com/mexico/2026-08-28/geografias-de-la-crueldad-el-cambiante-mapa-de-fosas-clandestinas-en-mexico.html
