La Habana conmemora un nuevo aniversario de la Revolución en un clima marcado por la ansiedad y la fragilidad. La celebración simbólica del 8 de enero contrasta con un país exhausto, atravesado por la amenaza latente de Estados Unidos tras el ataque a Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, aliado clave y principal sostén energético del castrismo. En la capital cubana conviven la épica revolucionaria, todavía alimentada por consignas y rituales, con el miedo real a que Washington complete una ofensiva regional que ahora parece más verosímil que en décadas anteriores.
La posible ruptura definitiva del eje Caracas–La Habana golpea en el peor momento. Cuba enfrenta apagones prolongados, colapso económico, escasez de alimentos y medicinas, migración masiva y un deterioro social que ya no puede ocultarse bajo el discurso del embargo. Muchos coinciden en que la situación actual supera incluso la del Periodo Especial de los años noventa. La vida cotidiana se define por la supervivencia: pensiones que no alcanzan ni para huevos, enfermedades sin tratamiento, basura acumulada, transporte paralizado y un turismo en caída libre que ahoga a quienes dependían de él.

Caravana de la Victoria en la calle 23, Vedado, en La Habana.
En este contexto, el relato oficial de resistencia choca con historias individuales de dolor y desencanto. Familias marcadas por la represión tras las protestas de 2021, madres que esperan la liberación de hijos condenados por sedición, y amistades rotas por la muerte de militares cubanos en Venezuela revelan una sociedad fracturada. A la vez, una tímida apertura económica beneficia a pocos, mientras la desigualdad se profundiza y obliga a muchos a depender de remesas o del mercado negro para sobrevivir.
La Habana aparece así como una ciudad suspendida entre el pasado y un futuro incierto. El simbolismo revolucionario persiste, pero ya no logra ocultar la sensación de deriva: barrios sin luz, jóvenes atrapados por nuevas drogas sintéticas y una población que, entre resignación y expectativa, intuye que un cambio (impuesto desde fuera o forzado desde dentro) se acerca. En medio de la precariedad extrema, la pregunta que recorre la isla no es solo qué hará Estados Unidos, sino cuánto más puede resistir Cuba antes de quebrarse definitivamente.

Referencia:
Pérez, D. M. (2026, 11 enero). La vida en Cuba tras la amenaza de Trump: “Esto es un barco a la deriva”. El País América. https://elpais.com/america/2026-01-11/la-vida-en-cuba-tras-la-amenaza-de-trump-esto-es-un-barco-a-la-deriva.html
