La Unión Africana (UA) eligió como nuevo presidente al mandatario burundés Évariste Ndayishimiye durante su cumbre celebrada en Adís Abeba, en un contexto marcado por la creciente inestabilidad regional y la competencia geopolítica global. Los líderes africanos reiteraron la urgencia de poner fin a los conflictos que afectan a zonas como el Sahel, Somalia, Sudán o la República Democrática del Congo, pero el encuentro dejó más diagnósticos que soluciones concretas. En un escenario internacional convulso, los llamados a acelerar la integración política y económica del continente fueron constantes, ante la percepción de que África afronta un riesgo de mayor fragmentación y dependencia externa.
El presidente de la Comisión de la UA, Mahmud Ali Youssouf, advirtió que la fragilidad institucional, los golpes de Estado y los conflictos crónicos están erosionando la estabilidad continental. Desde 2020, África ha registrado cerca de una decena de asonadas militares, mientras que los mecanismos de sanción del bloque han demostrado eficacia limitada. La readmisión en la organización de líderes surgidos de golpes de Estado, como los de Guinea y Gabón, ha alimentado críticas sobre la coherencia normativa y la credibilidad democrática de la institución.

Uno de los principales obstáculos para una mayor autonomía africana es la dependencia financiera. Aunque en 2015 se acordó que los Estados miembros financiarían plenamente la UA mediante una tasa del 0,2 % a las importaciones, sólo 17 de los 55 países aplican actualmente el mecanismo. Como resultado, cerca de dos tercios del presupuesto anual de la organización dependen de donantes externos, principalmente la Unión Europea y China. Esta fragilidad presupuestaria limita la capacidad operativa del bloque y condiciona su margen de maniobra estratégico.
En paralelo, el continente se consolida como escenario de competencia entre potencias globales y regionales. Rusia amplía su influencia en el Sahel mediante cooperación militar; China profundiza su presencia a través de financiación e infraestructuras; Estados Unidos intenta contrarrestar a Pekín; y actores como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí refuerzan su peso en el Cuerno de África. Con la ONU reduciendo fondos para misiones y ayuda humanitaria, y con iniciativas europeas como el plan Mattei de Italia buscando frenar la migración, la UA enfrenta un momento decisivo: reforzar su integración como estrategia de supervivencia o asumir un papel cada vez más marginal en un tablero internacional dominado por intereses externos.
Referencia:
Naranjo, J. (2026b, February 15). Los conflictos internos y las injerencias de las grandes potencias debilitan a África. El País. https://elpais.com/internacional/2026-02-15/los-conflictos-internos-y-las-injerencias-de-las-grandes-potencias-debilitan-a-africa.html
