Tras más de dos décadas de negociaciones, la Unión Europea y Mercosur encaran la firma definitiva. Este es un acuerdo comercial que trasciende lo económico y se inserta de lleno como un contraataque a la situación geopolítica actual. El respaldo final se logró después de que Italia cambiará su posición. Ahora inclinándose por nuevas salvaguardias agrícolas y un adelanto significativo de fondos para el sector primario europeo. En Bruselas se asume que el tratado actúa también como respuesta estratégica frente al giro unilateral y coercitivo de la política exterior de Donald Trump. Así como a la influencia china en la región de América Latina. Para la UE, cerrar este acuerdo significa diversificar mercados, reducir la dependencia de Estados Unidos y reafirmar su apuesta por un comercio basado en reglas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, prevé firmar el acuerdo en Paraguay. Este tratado dará lugar a la mayor zona de libre comercio del mundo, con unos 780 millones de personas. La Comisión defiende que el tratado favorecerá principalmente a la industria europea, con un fuerte aumento de exportaciones de maquinaria, vehículos y productos agroalimentarios. Aunque países como Francia, Irlanda, Polonia y Hungría mantienen reservas, el apoyo de España, Alemania, los países nórdicos y finalmente Italia ha permitido alcanzar la mayoría necesaria. En el caso francés, la oposición está marcada por tensiones políticas internas y el uso del acuerdo como arma electoral por la ultraderecha.
Más dinero y salvaguardias para los agricultores europeos
El desbloqueo del acuerdo llegó acompañado de concesiones relevantes al sector agrario. La Comisión Europea propuso adelantar hasta 45.000 millones de euros de la Política Agraria Común del periodo 2028-2034. Además de reforzar los mecanismos de protección frente a posibles perturbaciones del mercado. Entre las medidas destacan la confirmación del mecanismo de salvaguardia bilateral, la reducción del umbral para investigar importaciones agrícolas sensibles y el compromiso de endurecer los límites de pesticidas en productos del Mercosur, además de intentar abaratar los fertilizantes en la UE.
Rechazo de los agricultores y ecologistas
Pese a estas garantías, buena parte del sector agrario español y europeo sigue rechazando el acuerdo. Organizaciones como Asaja y COAG alertan de un impacto sobre sectores sensibles y denuncian la falta de reciprocidad en estándares sanitarios, medioambientales y de trazabilidad. Desde COAG se critica que la agricultura haya sido utilizada como moneda de cambio frente a intereses industriales. UPA, en cambio, reconoce que la presión de agricultores y ganaderos ha permitido mejorar el acuerdo inicial. Pero defiende la necesidad de reglas claras en un contexto comercial incierto.
Las organizaciones ecologistas también se oponen con firmeza. Ecologistas en Acción considera que el tratado profundiza un modelo de agricultura industrial orientado a la exportación. Lo que intensifica la competencia entre productores y agrava la crisis climática y ambiental. Frente a estas críticas, la industria alimentaria española, representada por FIAB, subraya las oportunidades del acuerdo y reclama la aplicación estricta de cláusulas espejo. Esto con el objetivo de garantizar que los productos importados cumplan los mismos estándares europeos de calidad, seguridad y sostenibilidad.
Referencia
De León, R. P. (2026, 9 enero). Los países de la UE aprueban el acuerdo comercial con Mercosur. elDiario.es. https://www.eldiario.es/economia/paises-ue-aprueban-acuerdo-comercial-mercosur_1_12895241.html
