Rusia muestra su “solidaridad” con Venezuela pero descarta actuar en defensa de su aliado

Rusia ha optado por una respuesta contenida tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, limitándose a expresar “solidaridad” con Venezuela y a exigir explicaciones sobre el paradero del mandatario. El Kremlin evita cualquier gesto de confrontación directa con Washington y confirma, una vez más, que sus alianzas no implican defensa automática. La postura recuerda su inacción ante el ataque estadounidense contra Irán el año pasado y revela que, para Moscú, Venezuela no justifica abrir un nuevo frente cuando su prioridad absoluta sigue siendo Ucrania.

Detrás de la cautela oficial se acumulan inquietudes estratégicas y económicas. En los círculos nacionalistas rusos preocupa que Estados Unidos refuerce militarmente a Ucrania y, sobre todo, que utilice el petróleo venezolano para inundar el mercado y hundir los precios del crudo, una amenaza directa para las finanzas rusas en plena guerra. Oligarcas y analistas alertan de que un barril por debajo de los 50 dólares obligaría al Kremlin a ajustes dolorosos, mientras crece la incertidumbre sobre el destino del arsenal ruso entregado a Caracas y la posibilidad de que termine, directa o indirectamente, en manos ucranianas.

La operación estadounidense también ha provocado un debate incómodo dentro del aparato político-militar ruso. Figuras del ámbito ultranacionalista se preguntan cómo Washington logró capturar a un aliado protegido mientras Moscú no ha podido hacer lo mismo con Volodímir Zelenski. Para algunos, el episodio confirma que el derecho internacional ha dejado de ser un marco efectivo y que el mundo se rige por la ley del más fuerte, una lógica que el propio Kremlin ha alimentado desde 2022.

Ese cinismo aflora sin tapujos en voces como la de Dmitri Medvédev, quien ha interpretado el golpe en Caracas como una prueba de que solo las armas nucleares garantizan la supervivencia de un Estado. El contraste con Ucrania, que renunció a su arsenal atómico en los noventa y fue invadida después, refuerza esa narrativa. Entre la contención oficial y la envidia mal disimulada por la eficacia estadounidense, la reacción rusa deja al descubierto una paradoja: Moscú condena la agresión, pero asume que el nuevo orden global se impone por la fuerza y no por las normas.

Referencia:

Cuesta, J. G. (2026, January 3). Rusia muestra su “solidaridad” con Venezuela pero descarta actuar en defensa de su aliado. El País. https://elpais.com/internacional/2026-01-03/rusia-ofrece-solidaridad-a-venezuela-y-exige-a-estados-unidos-que-aclare-el-paradero-de-maduro.html#?rel=lom