En la reunión del lunes entre los líderes de China y Rusia no se mostraron señales de avance en el proyecto del nuevo gasoducto Power of Siberia 2, una prioridad clave para Moscú tras el encuentro entre los presidentes de China y Rusia. El estancamiento refleja la posición negociadora dispar entre ambas potencias: Moscú está bajo presión para exportar energía, mientras que Pekín puede permitirse esperar el acuerdo que realmente quiere.

El trasfondo del bloqueo está en el precio. Según reportes previos citados por medios como Financial Times y Asia Times, Pekín ha pedido pagar el gas a un precio cercano a la tarifa doméstica subsidiada de Rusia —muy por debajo de lo que paga actualmente— y comprometerse solo a una fracción menor de la capacidad anual proyectada del gasoducto, de 50.000 millones de metros cúbicos. Esta postura evidencia una relación cada vez más asimétrica entre Moscú y Pekín, pues la invasión rusa de Ucrania y las sanciones occidentales han dejado a Putin más dependiente de China para sostener su economía, mientras que para Pekín el gasoducto es solo una adición marginal a su matriz energética, ya diversificada con gas centroasiático, GNL y energías renovables.
El proyecto había recibido aprobación en principio de ambos gobiernos, pero sin un cronograma concreto para el acuerdo final ni para el inicio de la construcción, ninguna de las partes se ha retirado formalmente, aunque analistas señalan que Pekín estaría jugando a esperar a que el deterioro económico ruso mejore aún más su posición negociadora.
Referencia: China-Russia pipeline project stalls as Beijing holds out for best price – Nikkei Asia
